sábado, 30 de abril de 2011

Ortega y Gasset, III: raciovitalismo y raciohistoricismo

RACIOVITALISMO Y RACIOHISTORICISMO

     Hemos visto que del problema de la relación sujeto / objeto (res cogitans y res extensa, conciencia y mundo, el problema del conocimiento...) se deriva otro problema íntimamente ligado a él: el de la relación entre razón y vida. Tenemos, por una parte, las interpretaciones racionalistas, que identifican el alma o la conciencia con la razón, en cuanto capacidad de percibir las esencias de las cosas. Por otro lado, los vitalismos surgen como reacción a esa reducción del hombre a lo eterno y se centran en el aspecto dinámico e impulsivo de la vida como raíz de la realidad.
     Ortega se opone a la abstracción del racionalismo y a las interpretaciones biologistas e intuitivistas del vitalismo. El hombre posee razón, pero también posee instinto, impulso; no se puede renunciar a ninguna de las dos facetas. Esas renuncias opuestas la va a ilustrar con dos alegorías: la ironía de Sócrates, que consiste en sustituir la vida por la razón, y la ironía de Don Juan, que sustituye la razón por la vida.

Oposición racionalismo/vitalismo: las ironías de Sócrates y don Juan
     Utilizando estas alegorías hace honor a su propia concepción del conocimiento humano: Ortega sostiene que el hombre no puede definirse por medio de la razón pura, es decir, la razón que capta la esencia eterna de las cosas, la razón matemática (ésa es sólo una de las facetas de la razón). Pero tampoco puede reducirse a voluntad e impulso, a factores biológicos: el conocimiento, la razón, es una actividad humana, es una función de nuestra vida; nos definimos por nuestra cultura, desde la cual vivimos, no sólo pensamos. La ironía de Sócrates representa el primer punto: la reducción del hombre a su razón; y la ironía de Don Juan representa la segunda reducción: la del hombre a su impulso, a su deseo. El conocimiento no puede reducirse a uno solo de nuestros aspectos. Lo que caracteriza nuestro conocimiento es que somos muy mitológicos. El hombre no se define como animal racional, sino como animal mitológico. Por eso el pueblo español expresa su saber en cantares, poesía.
     Aunque parte de la vida como realidad radical, lo que distingue a Ortega de los vitalismos es su concepción de la vida.  La vida, en efecto, es la realidad radical, dentro de la cual se encuentran las demás realidades. Pero los vitalismos tradicionales, como hemos dicho, la reducen a su aspecto biológico, impulsivo. Frente a realismos (la realidad es material) e idealismos (la realidad es idea, pensamiento o espíritu), defiende que la realidad radical no es una cosa ni un espíritu: la vida es un hacerse a sí misma continuamente. Frente a los irracionalismos y vitalismos, sostiene que la vida humana no es una realidad biológica, sino biográfica. La vida es el propio fin del hombre, no hay que buscar una trascendencia.
     Que la vida sea la realidad más radical significa que es aquella en la que se arraigan las demás, aquella a la que se tienen que referir todas las demás, incluyendo la razón. La razón es una función de la vida: a esto a lo que llama "razón vital".

Razón vital
      Hay que entender por razón toda acción intelectual que nos pone en contacto con la realidad. La razón pura es sólo una especie de razón que se enraíza también en la razón vital: la razón vital es aquélla capaz de aprehender la realidad temporal de la vida. Vivir es ya entender: por eso la razón vital es una y la misma cosa con el vivir. La razón vital es la vida como razón, la vida misma que, al poner una cosa en su perspectiva, al insertarla en su contexto y hacerla funcionar en él, la hace inteligible, comprensible.     
     Vivir es tratar con el mundo y dar cuenta de él. La razón no es sólo un método, sino también un guía para movernos en la realidad y la propia realidad guiándose a sí misma.
    Durante siglos, la razón se ha entendido como algo que capta lo inmutable, la esencia “eterna” de las cosas . Esta idea de razón manejada por los griegos culmina con la razón matemática de los racionalistas del s. XVII y en la “razón pura” de Kant. Pero esta razón matemática, que sirve bien en una realidad física ya hecha, estática, no funciona tanto en los asuntos humanos. La razón matemática no es capaz de pensar la realidad cambiante y temporal de la vida humana. Esa oposición entre el uso teórico y el práctico de la razón dio lugar a los "irracionalismos", a las teorías vitalistas que buscaban otro aspecto como definitorio del vivir, y se quedaban en el impulso, en lo biológico. Ortega se opone también a esta visión. Asume que la realidad es dinámica, y por eso la razón es narrativa

Razón vital y razón histórica
    Hemos dicho, pues, que la vida es biográfica, y también que la razón es una función vital: por tanto, la razón vital es narrativa, porque está inmersa en la vida. Cuenta una historia: nuestra vida. Por tanto, la razón vital es razón histórica, porque la vida humana es histórica. El hombre está definido por el nivel histórico que le toca vivir, lo que el hombre ha sido es componente esencial de lo que es.
     La historia es la biografía de la humanidad, del mismo modo que la biografía es la historia de una persona. No estamos aislados, somos fruto de un pasado que condiciona nuestra cultura. De ahí la necesidad de comprometernos con nuestro momento histórico, algo que Ortega expresó con su cita completa: "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo".


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