martes, 9 de marzo de 2010

La ciencia en la época helénica, introducción

LA CIENCIA EN LA ÉPOCA HELÉNICA



Desde antiguo el hombre se ha preguntado de qué está hecho el mundo. Al igual que la filosofía, y muy estrechamente unida a ella, la ciencia griega nace en Jonia. El primer paso hacia la ciencia se da con la búsqueda del arché, primer principio de la naturaleza. Ya sea el fuego, el agua, el aire o la tierra, los cuatro juntos o cualquier otro elemento desconocido e invisible, los planteamientos de los griegos antiguos dieron paso a teorías sobre el comportamiento de la materia y a experimentos conducentes a descubrir la respuesta.





La anterior clasificación se basa en el tipo de respuesta que se da al tema del elemento origen o principio: si se reduce a uno o a varios. También se puede considerar si se busca un principio material o de otra naturaleza (como los números de Pitágoras, el nous o inteligencia...)

Según su ubicación geográfica, se suele clasificar en las siguientes escuelas: la JÓNICA, dividida a su vez en la de milesios, efesios y eléatas; la ITÁLICA o PITAGÓRICA, que desarrolló la investigación matemática y la ingeniería; la HIPOCRÁTICA, cuyo nombre debe a su autor, centrada en la medicina.


Principales aportaciones y antecedentes científicos


Tales. Aporta los primeros teoremas y proposiciones en matemáticas y geometría. Predijo el eclipse solar del 585 a.C.; descubrió la fórmula para el cálculo de la altura de una pirámide y también para la distancia de los barcos. Es conocida su anécdota sobre la previsión de la cosecha aceitunas: cuando alguien le dijo que ser filósofo era inútil, le demostró que podía hacerse rico con sus conocimientos, pero esa no era su aspiración.

Anaximandro. Aportó su teoría del ápeiron como primer principio; realmente, lo que no tiene límite o forma, lo no mesurado o indefinido. Es considerado el primer pensador evolucionista; afirmaba que los hombres nacieron en principio de los peces. (Biología)

Anaxímenes. Sitúa como principio de todo el aire (pneuma), quizá inspirado en el aliento vital. Desarrolla los conceptos de rarefacción y condensación. (Física)

Junto a estos, tenemos la polaridad suscitada entre Heráclito y Parménides. O bien no existe el movimiento, porque se contradice con la lógica (lo que es, es; a = a, por tanto es imposible que a y no a al mismo tiempo) o bien nada es (el famoso "todo fluye" -panta rei-). Tal polémica dará mucho juego en el estudio del conocimiento racional y el de los sentidos. (Lógica y epistemología)

Parménides de Elea: su monismo metafísico (distingue únicamente el ser y la nada), que impide el progreso científico, suscita la necesidad de explicar el cambio a partir de la permanencia de principios no perceptibles por los sentidos. De este modo, abre las puertas a teorías como el atomismo para explicar el cambio y la permanencia del ser. (Física)


Heráclito de Éfeso: es el contrapunto de Parmémides, ya que en vez de negar el movimiento, lo pone como principio evidente para acabar negando el ser. Aporta el fuego como elemento primordial y la ley de transformación por la oposición de los opuestos. El fuego es el elemento transmutador de la materia por antonomasia. Se añade como suprema virtud el escuchar y entender el lógos, que constituye la ley y el orden del todo: el universo, por tanto, se concibe como algo ordenado según una razón que el hombre puede descubrir.

Pluralistas: Empédocles, Anaxágoras y Demócrito.


Anaxágoras introduce el nous o inteligencia como principio de orden, animación e individuación de las cosas que constituyen el orden armónico del universo. Explica la transformación a partir de las homeomerías. Al igual que los atomistas, para explicar el cambio recurre a partículas invisibles cuyas diferentes combinaciones dan lugar a los cambios aparentes. Pero a diferencia de los átomos de Demócrito y Leucipo, las homeomerías de Anaxágoras son semillas de todas las cosas cualitativamente distintas unas de otras (antecedente de la genética).

· Empédocles (Agrigento, Sicilia), por su parte, habla de la combinación de los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego) a partir de dos principios: el amor y el odio, antecediéndose así a las fuerzas de atracción y repulsión de la física moderna.

Y aún nos queda hablar de las aportaciones de la escuela pitagórica y de la hipocrática, junto con todo el saber aristotélico que tantos siglos perdurará; y en otra entrega, la ciencia helenística y romana.

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